No fue como esperaba

Un día, mientras comía con un grupo de amigas que son mamás y a quienes llevaba tiempo sin ver, me di cuenta de unas ligeras arruguitas debajo de sus ojos cuya existencia no había notado antes; quiero mencionar que se caracterizan por verse mucho más jóvenes de lo que son y por eso llamó más mi atención el descubrimiento. En ese entonces yo no era mamá aún y pensé que las líneas de expresión seguro se debían a las desveladas que implica tener bebés, el cansancio y el estrés de criarlos. Yo siempre consideré que ser mamá es una tarea titánica y casi mortal, que te va succionando de a poco la vida y si te descuidas, en un santiamén te deja vieja y fodonga. Ahora que lo soy, no es que haya cambiado de opinión respecto al grado de dificultad, pero sí me di cuenta de que estaba equivocada.

Las líneas de expresión debajo de los ojos son las mismas que se marcan al sonreír y no se trata de una casualidad; llegan por una razón totalmente contraria: las veces que sonríes en el día se multiplican al infinito, porque la alegría de ver a ese pequeño crecer, balbucear, de presenciar sus logros, te hace inmensamente feliz.

Hoy soy ama de casa, no creo que lo sea para siempre, pero he descubierto que en gran parte me gusta. Disfruto estar en casa, preocuparme por nuestra alimentación y poder darme el lujo de dedicarme tiempo de vez en cuando (porque es un verdadero lujo actualmente). Hoy soy ama de casa y no es como lo imaginé, antes creía que eso sería perder mi esencia, dejar de pensar para solo hacer cosas del hogar, quedarme sin visión crítica, sin ganas de aprender y estar al tanto de asuntos importantes, sin temas de conversación en las reuniones con gente “pensante”. Creía que me convertiría en una señora que no sabe nada más que de comida y artículos de limpieza.

Dejar de trabajar pasó de ser un sacrificio a un privilegio cuando mi trabajo me estaba matando el alma, como dice una amiga. Ahora me doy cuenta de lo afortunada que soy de poder sentarme 10 minutos o 2 horas a pensar en lo que quiero para mí, en cómo me siento, quién soy y para dónde voy. Hoy se que es una elección dejar que se te oxide el cerebro o hacer de tu vida algo con significado y aprendí que el significado también puede estar en el arte de preparar una deliciosa comida para tu familia y que ellos te recuerden por eso a través de generaciones.

Es una decisión en todos los contextos, también hay trabajos que pueden oxidarte y solo tú puedes evitar que así sea, y para ello hay miles de cosas que hacer fuera de los deberes -ya sean del hogar o en una oficina-, actividades enriquecedoras que estimulen tu creatividad o talentos. Claro, también puedes decidir dejar ese trabajo que te oxida para buscar uno que te mantenga viva y plena, es una decisión y está en tí.

Yo que me considero una persona sin prejuicios porque soy abierta para los temas polémicos en los que la gente suele prejuzgar, me doy cuenta que he vivido prejuzgando una vida que no conocía. No fue como esperaba, dedicarle tiempo a mi hijo y a mi casa no me duele, no me mata y no me priva de seguir creciendo como persona y sí, también -aunque a paso lento- como profesionista. Se puede ser feliz de tantas maneras que uno ni se imagina, así que lo único que te digo hoy, como ama de casa -y bueno sí, redactora también- es que no te cierres a las oportunidades de ser feliz, sigue tu instinto, escúchate. El corazón nos dice muchas cosas, solo que a veces nos hacemos como que no se oye.

No, no fue como esperaba, es mucho mejor y pude habérmelo perdido.

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Primera entrada

Comencé a darle forma a este proyecto durante una etapa muy feliz de mi vida, que representa un nuevo comienzo, a dos años de haber cambiado de ciudad y tras haber superado algunas fuertes y dramáticas crisis existenciales (mucho llanto y autoflagelación) debido a dicho cambio. Estas letras de felicidad representan una urgencia por compartir con ustedes la manera en que yo he logrado dar un giro de perspectiva y poner las cosas a mi favor; un proceso largo de evolución interna que ha resultado tan bien que no podría guardarlo para mí sola. 

No puedo dejar este post sin aclarar que esto no es el fin de la historia, nada parecido a un cierre con broche de oro, sino todo lo contrario. No es un fin sino un andar en el que hablo utilizando el gerundio, porque ser feliz -lo que buscamos lograr a través de estas francas palabras de inspiración- es una guerra que se libra todos los días, en la que como tú, me encuentro a veces triunfante y otras con el lodo hasta el cuello y sin ganas de seguir.

Para prueba les cuento que cuando pensé “ya no puedo esperar más para lanzar mi blog, ya no puedo seguir procrastinando” y tomé la decisión de dejar mi trabajo para seguir como freelance y darle más tiempo a mis proyectos personales, fue cuando mi mundo se comenzó a tambalear una vez más. Claro, siempre tuve la opción de pensar que no vale la pena, que todo es tan difícil y complicado, pero sobre todo “¿Cómo voy a escribir yo sobre felicidad si mi vida es un completo desastre?”

Viéndolo desde otro ángulo, puedo decir que este reto -del que luego les contaré- llega en el momento preciso, pues la idea es justamente que andemos juntas por el camino, dándonos fuerza las unas a las otras, buscando que los días malos sean cada vez menos y los  buenos inunden nuestro calendario.

¿Te unes al viaje?