Primera entrada

Comencé a darle forma a este proyecto durante una etapa muy feliz de mi vida, que representa un nuevo comienzo, a dos años de haber cambiado de ciudad y tras haber superado algunas fuertes y dramáticas crisis existenciales (mucho llanto y autoflagelación) debido a dicho cambio. Estas letras de felicidad representan una urgencia por compartir con ustedes la manera en que yo he logrado dar un giro de perspectiva y poner las cosas a mi favor; un proceso largo de evolución interna que ha resultado tan bien que no podría guardarlo para mí sola. 

No puedo dejar este post sin aclarar que esto no es el fin de la historia, nada parecido a un cierre con broche de oro, sino todo lo contrario. No es un fin sino un andar en el que hablo utilizando el gerundio, porque ser feliz -lo que buscamos lograr a través de estas francas palabras de inspiración- es una guerra que se libra todos los días, en la que como tú, me encuentro a veces triunfante y otras con el lodo hasta el cuello y sin ganas de seguir.

Para prueba les cuento que cuando pensé “ya no puedo esperar más para lanzar mi blog, ya no puedo seguir procrastinando” y tomé la decisión de dejar mi trabajo para seguir como freelance y darle más tiempo a mis proyectos personales, fue cuando mi mundo se comenzó a tambalear una vez más. Claro, siempre tuve la opción de pensar que no vale la pena, que todo es tan difícil y complicado, pero sobre todo “¿Cómo voy a escribir yo sobre felicidad si mi vida es un completo desastre?”

Viéndolo desde otro ángulo, puedo decir que este reto -del que luego les contaré- llega en el momento preciso, pues la idea es justamente que andemos juntas por el camino, dándonos fuerza las unas a las otras, buscando que los días malos sean cada vez menos y los  buenos inunden nuestro calendario.

¿Te unes al viaje?

Reinventarse

¿Alguna vez te has sentido perdida? En mi primer post comentaba que me encuentro en una etapa de cambios y retos personales y esto se debe a que recientemente me estrené como mamá, y cabe decir que fue algo inesperado y que hasta hoy me tiene en un subir y bajar de emociones.

Como parte de mis intentos por adaptarme a esta nueva etapa y hacerme un poco más consciente de que SI, soy mamá; comencé a hacer varias actividades de mamá, que ciertamente me ayudaron bastante para verme a mi misma como tal. La semana pasada, mientras caminaba hacia mi carro al salir de la clase de estimulación temprana -una de dichas actividades-, pensaba en éste, como un episodio de mi vida en el que toca reinventarme para jugar un nuevo papel sin dejar de ser yo; un proceso de reencontrarme enmedio de todo este cúmulo de responsabilidades, sensaciones, tiempos y emociones desconocidos.

Hay días en que me siento perdida, viviendo la vida de alguien más, cumpliendo con unos deberes que no acababan de casar con mis expectativas de una vida plena y feliz. Tal como lo leí en un artículo recientemente, me sentía perdida y sin saber cómo encontrar el camino de regreso. Pero lejos de querer que esta entrada se convierta en un drama, me gustaría rescatar el hecho de que encontrar ese camino de vuelta es una proeza, todo un deporte de resistencia que exige ejercicio diario como entrenamiento; días y días de no quitar el dedo del renglón, de intentar y fallar. Y no lo digo para agobiarte, sino para que no te rindas, para que sepas que si duele, está funcionando. Para pedirte que sigas dando pelea, como dicen “un día a la vez”.

La buena noticia es que para encontrarte, es necesario haber estado perdida. Date permiso de estar perdida alguna vez, no siempre tendremos la sartén por el mango. Admitamos cuando estemos ahí, tocando fondo y desde ese fondo probemos varios caminos hasta toparnos con el que lleva nuestro nombre; pero de verdad probemos, incluso cosas que nunca haríamos por pensar que no nos gustarán o son imposibles.

¿De qué va reinventarse?

Simple y sencillamente es enfrentar una nueva realidad sin perder nuestra esencia. Es natural que los grandes cambios nos agobien al grado sentir el impulso de renovar todo en nuestro interior en un intento desesperado por adaptarnos y de cierta manera si, debemos cambiar, porque esto es la vida salvaje: evoluciona o muere.

Está dicho que para construir algo nuevo, debemos primero destruir; por ello, si estás en el punto más oscuro, seguro pronto verás la luz, así que ánimo. Te confieso que me encuentro muy cerca de un momento así, ya he intentado muchos caminos, algunos de ellos los sentí muy míos y al final me decepcionaron tanto que creí no volver a entusiasmarme por nada.  Ahora mismo, cuando siento miedo de quedarme perdida para siempre, recuerdo cuántas veces he vuelto a comenzar de cero.

Y no creas que debe irte mal en la vida para que te sientas perdida, aunque el hecho de que nos vaya bien, excelentemente bien, puede llegar a generar culpa. En mi caso por ejemplo, me dan estos bajones aun cuando soy una persona afortunada y enormemente bendecida, tengo una casa, una bella familia, la posibilidad de trabajar en mis proyectos y con mis necesidades básicas cubiertas, vaya, no es que me sobre el dinero, pero tampoco me falta por el momento. Sin embargo, últimamente tengo la sensación de que necesito algo más y es que, como dice la autora de este artículo que mencionaba: Nos sentimos perdidas cuando hemos perdido el propósito. Ella nos aconseja hacer algo, lo que sea, incluso si tenemos que volver a ser principiantes.

Esto último me dejó pensando en cuántas veces me he aventurado a ser nueva en algo. De verdad y lo digo con orgullo y a la vez algo de risa; he trabajado de tantas cosas diferentes como se me ha ocurrido: mesera, niñera, dueña de una tienda de abarrotes, redactora, levantando censos poblacionales, atendiendo un negocio de renta de trajes, como asistente en una revista científica, como diseñadora gráfica, diseñadora de páginas web, arreglando computadoras, de compradora en una fábrica, community manager, fotógrafa profesional, correctora de estilo… la lista es increíble ahora que lo pienso.

El punto aquí es que tenemos la libertad de ser lo que queramos, y si ya lo fuimos, pero el contexto cambia y nos sentimos perdidas, podemos volver a ser lo que queremos. Busquemos dentro de nosotros, rescatemos nuestra esencia y corrijamos el camino, pero no sacrifiquemos nuestro ser por la rutina, por como está dada nuestra vida en este momento.

Lo único que nos detiene -como siempre- es el miedo, así que si hoy estás perdida, sin rumbo y sientes que tu vida no tiene sentido ni propósito… da el primer paso para salir de ahí. ¿Siempre has querido secretamente ser estilista pero estudiaste para contadora?, ¡hazlo! No importa lo que diga el resto del mundo, ellos no saben lo que duele una vida sin propósito, ellos no están en tu lugar y nunca sabrán lo que necesitas. Si es un error detenerte por tus propios miedos, mucho peor es hacerlo por los de otros. ¿Quieres intentar una nueva especialidad dentro de tu área profesional pero tu experiencia es nula? Ofrécete algunas horas como practicante, ¿Estudiar una nueva carrera? ¿Por qué no? Tengas la edad que tengas, nunca, NUNCA es tarde para encontrar tu camino, para encontrarte a ti.